Valores morales

Francisco López Belmonte

La semana pasada, en una entrevista por televisión, el Rector de la Universidad de Granada, David Aguilar, entre otras cosas dijo: “Si queremos que nuestra sociedad tenga futuro es imprescindible inculcar a nuestros jóvenes valores ético-morales”.

Me imagino que tanto el Rector como los profesores de una universidad de prestigio, como es la de Granada, deben haber visto muy diferentes tipos de comportamiento entre los jóvenes que entran en sus aulas. Afortunadamente, hoy día, tienen acceso a estudios superiores jóvenes de diferentes clases sociales, razas, nivel económico, etc., por lo que las características de cada estudiante varían en base a estas características.

Creo entender a qué se refería el Dr. Aguilar con el término “valores ético-morales”, pero no estoy muy seguro de que los jóvenes universitarios lo tengan claro. Por otro lado, cada grupo social, por su cultura, creencias, etc., posee una codificación moral diferente que, incluso en ocasiones, es opuesta a la de sus compañeros de estudios.

Por esto puede darse el caso de que en una misma clase lo que supone una conducta correcta para ciertos individuos sea de lo más inapropiada para otros.

A esto hay que añadir la irresponsabilidad de muchos padres con respecto a la educación y formación de sus hijos. Ser padre tiene muchas implicaciones desde el primer momento de la titulación como tal, y no basta con alimentar, vestir y llevar al colegio.

La verdadera formación no empieza en la escuela, sino en la cuna; y, a partir de ahí, es una labor que requiere un esfuerzo constante sin posibilidad alguna de evasión.

Cuando ves a un niño, un adolescente o un joven, por su conducta, estás viendo a sus padres y el ambiente en que ha crecido. A veces oigo decir a algún padre: “Los hijos… depende de cómo te salgan… es cuestión de suerte”. ¡Ya! O sea, que, según ellos, son como sandías que no sabes cómo están hasta que no las abres y las pruebas. Esa es una actitud muy cómoda y conveniente cuando has descuidado tu trabajo y responsabilidad como educador. Hay una carga genética que no puedes eludir, pero nada tiene que ver con la conducta, y eso está demostrado científicamente.

Lo que sí es cierto es que cuando cumples con tu labor de padre a tiempo a pleno y con la constancia debida, llega un momento en que descubres (¡oh, maravilla!) los buenos frutos obtenidos. El respeto por los demás, la conducta ética, los valores morales, la amabilidad en el trato, la responsabilidad en cuanto al trabajo y los estudios, se van adquiriendo en el ambiente adecuado, con la disciplina necesaria, día a día, paso a paso, durante los primeros años de vida. Después los resultados obtenidos serán patentes a lo largo de y durante toda la vida.

Al eliminar a DIOS de nuestras vidas, en esta sociedad, hemos eliminado también todos aquellos preceptos bíblicos que nos podrían ayudar muchísimo en la educación de nuestros hijos y que son una garantía de éxito para el futuro. Habrá que volver atrás y rectificar.

Esta web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies