Historia de los primeros hoteles modernos en Águilas (1960-1973)

DAVID ROMERA / Doctor en Geografía y Ordenación del Territorio

 

El despegar de la industria turística en Águilas fue tardío y pausado en relación a otras zonas del litoral murciano dada la situación excéntrica del municipio y el protagonismo que pronto adquirió el magno proyecto turístico que Tomás Maestre promovió en La Manga del Mar Menor, que eclipsó al resto. Quien llegaba a Águilas por aquella carretera repleta de curvas y peligrosos terraplenes desde Lorca a través de la sierra de Almenara no lo hacía por casualidad. Pero esto fue determinante para la preservación de amplios espacios de interés ecológico y medioambiental (Cuatro Calas, Cabo Cope y su marina) que quedaron expeditos de toda urbanización, aunque tentativas las hubo. En la década de 1950 surgen las primeras iniciativas municipales para favorecer la llegada de forasteros, que en 1965 ya se cuantifican en más de 9.000, se aprueban unas ordenanzas para hacer buen uso de las playas y se mejora el ornato urbano. En 1952 el Ayuntamiento planea construir un hotel de primera categoría, un teatro-cine y un parque de atracciones.

La propaganda turística de Águilas en la prensa provincial ensalza durante esta etapa del Desarrollismo franquista los valores culturales, recursos paisajísticos y climáticos, y las potencialidades turísticas del municipio en un momento en el que el turismo se convierte casi de la noche a la mañana en un maná que cambiará la vida económica y social en muchas localidades costeras. Sólo en la década de 1960 los turistas que llegan a nuestro país aumentan de 750.000 a 24 millones, suponiendo el turismo en 1970 el 8% de la riqueza nacional y el 10% del empleo, saneando por primera vez una balanza de pagos tradicionalmente negativa. El turismo de sol y playa bajo el lema «Spain is different», también se tradujo en la transformación del paisaje, la construcción de nuevas infraestructuras, servicios y cambios en el orden sociológico que nos abrió los ojos para ver los nuevos horizontes que nos traía Europa frente a la atonía de la grisácea dictadura. Águilas es calificada con grandes titulares en los suplementos veraniegos de la prensa de la época como la «nueva perla del Mediterráneo», un «lugar de ensueño en el litoral levantino», o «el paraíso del Mediterráneo», mientras que la publicidad de las urbanizadoras vende a sus clientes lujosos apartamentos junto al mar de Águilas «en la más sugestiva zona residencial del turismo español» en relación al Complejo Turístico Delicias, o usan el reclamo de que personajes como Martín Vigil o Fernando Rey veraneaban como propietarios en los bungalós de Fransena.

Libro de Festejos de 1973

El desarrollo turístico de Águilas, aunque mayoritariamente se haya enfocado a la segunda residencia con la construcción de edificios de apartamentos frente al mar, también estuvo muy ligado en sus orígenes a la apertura de locales para alojamiento de forasteros y viajantes. Pero poco a poco estos establecimientos quedaron obsoletos. Se ubicaban en edificios vetustos, de escasa capacidad y con unos estándares de calidad y servicio que no iban en consonancia con las demandas de unos turistas cada vez más exigentes. Águilas demandaba la renovación de su infraestructura de alojamiento casi decimonónica, creando nuevos establecimientos más modernos, mejor dotados y funcionales, al tiempo que las clases medias del país y del contexto europeo mejoran su poder adquisitivo, capacidad de consumo y posibilidades de disfrutar de unas vacaciones junto al mar. Había que aprovechar esta oportunidad para diversificar la economía e incrementar la renta media local. A pesar de las dificultades, algunas insalvables como la falta de capitales, de unas comunicaciones por carretera modernas, el déficit crónico en el suministro de agua potable o la lejanía respecto a los grandes destinos turísticos de sol y playa, hubo iniciativas de grandes emprendedores locales y foráneos que apostaron por convertir la ciudad en un destino turístico.

Veamos a continuación el caso concreto de los primeros cinco hoteles modernos que se construyeron en Águilas en el periodo comprendido entre 1960 y 1973.

El Hotel Calypso, aunque en San Juan de los Terreros siempre fue considerado aguileño, fue el primero, inaugurado en el verano de 1960, promovido por Vicente Bayona, Norberto Miras y Francisco Martínez, pioneros del turismo de playa en la comarca. Calificado como «pabellón-balneario», fue bautizado con el nombre del barco oceanográfico del contralmirante galo Jacques Cousteau, quien había explorado los fondos marinos de la zona meses antes. Contaba inicialmente con 28 habitaciones, kiosco en la playa y restaurante. Pronto se convirtió en lugar exótico y cosmopolita, muy frecuentado por extranjeros, como otros locales abiertos en Águilas por europeos que se enamoraron de este rincón de la costa mediterránea y se quedaron aquí: La Cabaña y Maxcaly en Calarreona o el famoso Cotopaxi en Calabardina. La prensa del momento describe el Calypso como un edificio «de bonita y cuidada arquitectura, cuya mayor belleza está en la sencillez de una figura que mira al mar, en la que se conjugan los sentidos de modernismo y comodidad, y en el que se hilvanan la paz, el campo, el mar y el sol, adornado con la brisa acariciante, dotan a este acceso de Águilas de uno de los lugares más paradisiacos que puedan concebirse».

En este periodo se levantan en la Bahía de Levante dos importantes hoteles: Residencia La Calica y el Hotel Stella Maris. La Residencia La Calica, junto al puerto pesquero (donde hoy está la máquina del tren), fue promovido por Vicente Bayona y María Marín. Abrió sus puertas en julio de 1966 en un moderno edificio de tres plantas con cafetería y habitaciones exteriores, terrazas y vistas al mar. Ampliado con una planta más en 1968, se mantuvo en activo hasta 1978, cuando fue reconvertido en bloque de viviendas. Su lema publicitario fue: «Y si el sueño a usted le pica, a dormir a La Calica».

Residencia La Calica (1967, Libro de Festejos)

En el otro extremo de la bahía, al final de la playa de Las Delicias, en julio de 1967 tiene lugar la inauguración del Hotel Stella Maris (después llamado Bahía de Águilas). Curiosamente, este hotel de emplazamiento privilegiado en primera línea de playa entre las bahías de Levante y Hornillo nació con el nombre de Residencia Ávila, promovido por la Cooperativa Ferroviaria Católica, compuesto de 100 habitaciones individuales o familiares a disposición de los ferroviarios españoles.

Hotel Stella Maris (1968, Postal Hnos. Galiana)

El edificio, con fachadas de ladrillo visto y pronunciado pórtico de entrada, fue construido por la sociedad Goin de Madrid, contando en su interior con murales artísticos de lugares típicos de Águilas, un amplio restaurante, bar-cafetería y salones sociales. En 1973 el establecimiento cambia de dueños y se presenta un proyecto de reforma interior para aumentar su categoría, el cual no será ejecutado hasta diez años después, reduciendo el número de habitaciones a 66, que contaban con baño completo, teléfono, televisor, aire acondicionado y caja fuerte. Durante muchos años fue el principal hotel de playa de Águilas, siendo característicos los parasoles amarillos sobre las ventanas, las sombrillas y tumbonas en la arena de la playa, así como el solárium de la azotea. El emplazamiento envidiable del establecimiento y su categoría (dos estrellas) lo hacían muy atractivo, manteniendo elevada ocupación buena parte del año, especialmente de turismo nacional.

Residencia Madrid (1973, Libro de Festejos)

El 14 de agosto de 1969 tenía lugar la pomposa inauguración del Hotel Madrid en la plaza Robles Vives, en cuyo solar se situó la Real Aduana y el Cine España. El inmueble, de nueve plantas, construido por José Rodríguez Pérez según proyecto del arquitecto Fernando Cassinello, contaba con una discoteca (Pepe´s Club), hotel-residencia y viviendas provistas de grandes terrazas corridas. La residencia se proyectó con 51 habitaciones dobles y sencillas con baño completo, teléfono y aire acondicionado, salón social y bar americano, destacando ante todo la vanguardista decoración del local: moqueta roja, cortinas rojas y blancas, butacones y tresillos tapizados, iluminación indirecta, mobiliario moderno de formas sugerentes, colores atrevidos, nuevas texturas. La prensa plasmó la jornada de inauguración: «El Edificio Madrid marca un hito en la historia de Águilas. No se ha regateado esfuerzo para conseguir un edificio con solera (…) Todo está montado con sumo gusto. La planta baja, el suelo está cubierto completamente por una alfombra roja, ofrece un aspecto encantador. La “jaula” para el baile, la iluminación, los sillones y la decoración contribuyen decisivamente a darle un realce y encanto que no habíamos visto en otro local (…) Todos los asistentes quedaron vivamente impresionados por el confort y la suntuosidad que emana de cada centímetro del inmueble, que demuestra fehacientemente el progreso de Águilas».

Hotel Calarreona y Albergue (1969, Postal Hnos. Galiana)

Pero la ciudad necesitaba un hotel de gran envergadura, de alto standing. En la propaganda turística de 1964 se habla que «Águilas vive ya con vistas al desarrollo turístico pues cada vez es mayor la afluencia de veraneantes, muchos de ellos extranjeros, por lo que se apresura a disponer su solar del confort necesario para albergarles dignamente». En este contexto nace el Hotel Calarreona, promovido por el empresario Antonio Grima Muñoz, quien vislumbró el futuro turístico de Águilas con diversos negocios. En 1965 encarga un primer proyecto al arquitecto murciano Gabriel Olmos Caballero. El establecimiento, inspirado en el famoso Hotel Don Pepe de Marbella, se proyecta inicialmente con tres plantas de altura sobre rasante, quedando distribuidas en las dos plantas superiores 36 habitaciones, 24 dobles con baño y 12 individuales con aseo. El presupuesto de ejecución ascendía a 8,9 millones de pesetas, iniciándose los primeros trabajos en julio de 1966.

El arquitecto Olmos Caballero concibe un edificio exento de factura moderna, propio de la arquitectura del ocio y del relax, enormemente funcional y enmarcado en los nuevos cánones racionalistas del Estilo Internacional, pero incorporando elementos mediterráneos como el revoco encalado a la tirolesa, el empleo de celosías y parasoles de madera sobre todas las terrazas para aliviar el intenso sol levantino. Planifica un inmueble con pilares metálicos de extraordinario desarrollo longitudinal, eligiendo una planta en «V» muy abierta hacia el mar que lo asemeja a un bumerang. Parte de un núcleo central del que se prolongan dos brazos a izquierda y derecha. La fachada marítima, de rígido planteamiento reticular, expresa plenamente la distribución interior: en la planta baja, se sitúan las cocinas y el comedor-restaurante (lado izquierdo); administración, magnífica recepción, conserjería y salón en el núcleo central; y ocho habitaciones (lado derecho). Bajo rasante se sitúa una gran cafetería y dos subplantas para el personal de servicio. Las dos plantas superiores, destinadas a habitaciones, presentan distribución simétrica, situando las estancias individuales en los extremos de cada planta, dejando el salón polivalente en el núcleo central, de gran luminosidad. Todas las habitaciones tienen terraza exterior independiente (separadas por mamparas de vidrio translúcido) con vistas panorámicas al mar y a la piscina, su principal reclamo promocional. La fachada trasera en cambio se hace hermética por su propia concepción. En ella se desarrollan los corredores lineales que dan acceso por el exterior a las habitaciones desde el núcleo central, protegidos por grandes celosías, disposición que también encontramos en los edificios Fransena I y II. Alrededor de la piscina se creó un ambiente confortable con la plantación de árboles y jardinería mediterránea, zonas de paseo y un conjunto de terrazas solárium y desniveles para la contemplación salvados por taludes de piedra natural en la entrada del hotel.

En la publicidad de la época se anuncia que todas las habitaciones disponen de terraza con vistas al mar, teléfono, baño completo, calefacción y sonorización ambiental; salones sociales con televisión y salas para conferencias; se ponen en valor sus equipamientos exteriores (piscinas, cafetería, jardines, terrazas), su excelente cocina, internacional y platos típicos regionales, las aguas cristalinas y serenas de la playa que tiene enfrente, así como servicios de traslado y de coches con o sin chófer para excursiones. Además de los certámenes culturales que tenían lugar en el hotel como la celebración del premio Águilas de Novela, era lugar propicio para tomar un café o una copa, destacando sin duda sus fiestas de verano y las de Nochevieja y Año Nuevo. Lamentablemente, este hotel concebido con grandes pretensiones cerró sus puertas por diferentes motivos y fue reconvertido y ampliado como edificio de apartamentos para veraneo. La apertura en 1977 del Hotel Carlos III en el centro urbano atenuó la nueva falta de plazas hoteleras en el municipio.

Tu publicidad AQUÍ

… EN EL TERCER DIARIO REGIONAL EN VISITAS DE LA REGIÓN DE MURCIA

Info: laactualidad@yahoo.es y Whatsapp: 673 939 953 / 633 77 29 35

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esta web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies