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Advertencias

Diariamente, llegan hasta nosotros ciertos mensajes que nos anuncian posibles riesgos que podríamos evitar. En ocasiones son las autoridades sanitarias, otras veces la Dirección general de Tráfico, o pediatras, psicólogos, organizaciones no gubernamentales, asociaciones u organismos diversos, los que nos ponen en antecedentes sobre diversos peligros. Así escuchamos que el tabaco mata, que el alcohol es peligroso, que el consumo de drogas crea dependencia y graves consecuencias, que debemos ponernos el cinturón de seguridad, no conducir motocicletas sin casco, respetar las señales de velocidad máxima, practicar el sexo seguro, evitar la exposición prolongada al sol, no permitir a los niños que pasen demasiado tiempo ante el televisor o el ordenador, no adentrarse en el mar cuando ondea la bandera roja, evitar la “comida basura”, no tomar medicamentos sin prescripción médica; y muchos otros consejos que, si los tuviéramos en cuenta, nos harían la vida mucho más fácil a nosotros y a los que nos rodean.

Entonces ¿Por qué no hacemos caso de las señales de alerta? ¿Por qué no prestamos atención a esos avisos? ¿Acaso necesitamos percibir esa sensación de peligro? Tal vez disfrutamos con el riesgo, o sentimos la necesidad de sufrir (eso explicaría la razón por la que vemos películas de terror), o quizás queremos experimentar el morbo de lo prohibido, la inseguridad de lo peligroso. Lo cierto es que todo esto me da la impresión de un masoquismo social enfermizo. Es posible que sea simple rebeldía, o insensatez, o necedad profunda. Ahora va a resultar que el “animal racional” es el más irracional de los animales, porque desprecia el instinto de preservación que es inherente a la vida. Es por esto que debemos preguntarnos hacia dónde nos lleva esta actitud que adoptamos inconscientemente, por pura inercia o por falta de autodisciplina. Las consecuencias que yo percibo creo que todos las vemos cuando miramos a nuestro alrededor: Enfermedades provocadas, accidentes evitables, dolor innecesario y sufrimiento inducido.

No cabe duda que hemos elegido mal y estamos haciendo un mal uso de nuestras libertades, tan estúpidamente que, además de no obtener ningún beneficio causamos nuestro propio perjuicio y el de los demás. Hace tiempo que apartamos a DIOS de nuestra vida, para que no nos estorbara, y el resultado no puede ser más negativo. El ser humano se ha envanecido en sus razonamientos y su necio corazón se ha entenebrecido. Creyendo ser sabio se ha hecho cada vez más ignorante. Se precipita hacia lo desconocido si saber cómo reaccionar; sin plantearse el detenerse y dar la vuelta. En el libro del profeta Malaquías dice DIOS: “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros”. Todo este desorden social y moral en que vivimos, toda esta inseguridad que nos amenaza, proviene de nuestro alejamiento de Aquel que es la fuente de la Vida. Podemos librarnos de la muerte; CRISTO dice: “Buscadme y viviréis”.

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