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Los restos mortales de la esposa de Antonio Cortijos reposan ya en el Camposanto municipal

Bartolomé Hernández ha mantenido un encuentro con Antonio Cortijos, hijo del insigne aguileño, quien le ha agradecido la colaboración de la Corporación Municipal para cumplir la voluntad de sus padres
El jefe del Ejecutivo local, Bartolomé Hernández Giménez, ha mantenido una reunión con Antonio Cortijos Morales, único varón descendiente de Antonio Cortijos Lorente, hijo predilecto de Águilas que falleció en enero de 1968

El motivo de este encuentro, era transmitir el agradecimiento de los tres hijos del insigne aguileño, Pepita, Marisa y Antonio, a la Corporación Municipal de Águilas, por el interés mostrado para que los restos mortales de su madre, María Morales Navarro, puedan descansar junto a los de su esposo en el Camposanto municipal.
Aunque María Morales falleció en el año 1992 en Barcelona, este mismo mes de marzo ha sido cuando se ha cumplido la voluntad de ambos de permanecer unidos para la eternidad, enterrados en el Cementerio de Águilas, para lo que se han tenido que llevar a cabo una serie de trámites que han culminado satisfactoriamente, por lo que sus hijos han querido expresar su gratitud a cuantas personas han colaborado para hacer realidad este deseo, así como a todos los amigos que asistieron al acto.
Antonio Cortijos Lorente ingresó, con tan solo 16 años, en el extinto Banco Colonial, más tarde integrado en el organigrama del Banco Central, donde creció laboralmente hasta ocupar puestos de relevancia dentro de la entidad. Ahí fue donde adquirió su verdadera dimensión humana y social, ayudando a numerosos aguileños que acudían a él solicitando trabajo para ellos o para sus hijos.
Tras haber colocado una ingente cantidad de ciudadanos, el 15 de septiembre de 1956, en el balneario que entonces existía en la calle Juan Carlos I, se le hizo una cena-homenaje en la que participó la totalidad del pueblo de Águilas, donde quedó reflejado en un acta del Ayuntamiento el nombramiento de Hijo Predilecto.
Algún tiempo después de su fallecimiento, la ciudad de Águilas quiso tener un último detalle de agradecimiento a la persona que dio un futuro a una buena parte de la juventud aguileña de aquellos años, poniéndole su nombre a la Plaza que cada año acoge el programa de fiestas de verano.

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