22/03/06
Francisco López Belmonte
Repasando canales con noticias observo que en todos se habla de lo mismo, de una gran noticia que afecta a toda la nación y que puede marcar el fin de muchos años de malas noticias, muerte y sufrimiento.
De pronto se cuela una información que nada tiene que ver con este asunto, pero que afecta a todo el planeta: 22 de Marzo “Día Mundial del Agua”. Las cifras que aportan son escalofriantes. Por un momento me he sentido tocado en lo más profundo. Me he sentido avergonzado. Me he sentido cómplice de la indiferencia, la pereza, de muchas falsas acusaciones y de la apatía de nuestra sociedad.
Los datos aterradores, entre otros, son que tan sólo el 1% del agua de La Tierra es potable. Que hay personas que tienen que dedicar varias horas al día, caminando muchos kilómetros para recoger agua para beber y subsistir. Que cada 15 segundos muere un niño por enfermedades relacionadas con la gran escasez de agua.
Por el contrario, en los llamados “países desarrollados” gastamos una media de 120 litros de agua por persona y día. Mientras, a no muchos kilómetros de nosotros, del Sur de España, el pueblo saharaui cuenta con un escaso medio cubo de agua al día para beber, cocinar, lavarse, etc.
¿Qué hemos hecho con este planeta? DIOS nos entregó un legado precioso, una tierra que puede proveernos de alimentos y agua en abundancia para todos.
ÉL había provisto para todas nuestras necesidades (tanto físicas como espirituales). Ese patrimonio lo hemos destruido y hacemos una mala distribución de la riqueza. No se cuál es la solución, pero pienso que lo primero que hace falta es que tengamos una voluntad verdadera y firme para resolver este grave problema y poder ayudar a muchos necesitados.
JESUCRISTO dijo “Yo soy el Agua de Vida”. Explicaba así la importancia de este precioso líquido y la necesidad que los seres humanos tenemos de ambas cosas: Del agua y de JESÚS.
Hoy volveremos a abrir nuestros grifos docenas de veces, para montones de cosas. ¡El problema está aún muy lejos de nosotros…! O ¿Quizás no?
15/03/06
Hace unos días que tuve el privilegio de escuchar una entrevista digna en televisión. Como comprenderán, esto es una cosa que ocurre muy pocas veces. El presentador “sabía preguntar” y el entrevistado era un hombre inteligente y culto que sabía perfectamente lo que decía. Esto es para hacer “sonar las campanas” y me llenó de honda satisfacción presenciar semejante evento.
El personaje es un escritor consumado, de gran éxito (afortunadamente, ya que ahora cualquier imbécil escribe y vende libros y muchos genios pasan desapercibidos), que observa la sociedad con un gran realismo y objetividad. Pero también es una persona que llama las cosas por su nombre, sin remilgos, ni rodeos.
Después de más de veinte años como corresponsal de televisión en distintos países (¿o debería decir de guerra en guerra?) y habiendo visto todo lo que podía y, a veces no quería, ha llegado a ciertas conclusiones determinantes, claras y precisas sobre el mundo en que vivimos. Sus aseveraciones son tan precisas que es imposible rebatirlas, diciendo la verdad, claro.
De todas las cosas trascendentes que expresó en apenas tres o cuatro minutos que duró la entrevista, me impactó lo siguiente: “En la antigüedad, en la Edad Media, los médicos recetaban analgésicos para aliviar o quitar el dolor, pero hoy recetan anestésicos, por lo que la sociedad actual vive anestesiada”.
Pérez Reverte se estaba refiriendo a la pasividad con que todos afrontamos actualmente la realidad que nos rodea. Nos hemos acostumbrado a observar lo malo y lo contemplamos ya sin reacción alguna, como anestesiados por el horror, la indiferencia y la infamia que tenemos que presenciar diariamente. Terminó este hombre diciendo que las cosas van a peor y que no espera mejora alguna para esta sociedad.
Me impactó que llegara a esta conclusión, ya que es la misma que se contempla en la lectura de la Biblia, escrita hace miles de años. Los cristianos genuinos, los que seguimos a CRISTO, ya lo sabemos desde hace tiempo; la sociedad no tiene arreglo, aunque seguimos luchando por mejorar todo aquello que esté al alcance de nuestra mano, y lo seguiremos haciendo.
El apóstol Pablo escribió en su Carta a los Romanos: “No os conforméis a este mundo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (de vuestra mente).
Nosotros, los cristianos, somos “eternos rebeldes” contra la violencia, la injusticia, la impasibilidad ante el sufrimiento ajeno, la ambición desmedida de gobiernos ricos que no miran a los menos afortunados.
Yo no pienso vivir anestesiado; estoy, y quiero estar, bien despierto porque no me pienso dejar llevar por la inercia de una sociedad corrompida que vive ciega porque quiere.
6/03/06
Son pocos los deportes ejecutados por una sola persona (carreras de caballos, golf); la mayoría de ellos se juegan por equipos, como el baloncesto o el fútbol. En este tipo de deporte se intenta por todos los medios inculcar en los jugadores la importancia del trabajo en equipo; tanto es así, que si se olvida este concepto es imposible conseguir el triunfo. Cada miembro del grupo tiene su cometido y todos son igual de importantes si se quiere realizar un buen trabajo, puesto que unos se complementan a otros.
Así ocurre también con las demás facetas de nuestra vida cotidiana. Estoy seguro de que tanto mis logros como los tuyos, en muchas ocasiones, son consecuencia del esfuerzo de otras personas que, quizá ni siquiera conozcamos. Pero la realidad es que hay muchos “desconocidos” que son imprescindibles para que nuestro mundo funcione.
En nuestra sociedad no somos autosuficientes. En cambio nos hemos habituado a honrar a aquellos que se promocionan o destacan por alguna cosa en especial y tienen nuestro reconocimiento. No exagero si te digo que puedes intentar hacer una lista de las personas que han trabajado, directa o indirectamente, para hacer posible que esta publicación llegue a tus manos: Editores, redactores, fotógrafos, repartidores, transportistas, fabricantes de papel, informáticos, publicistas y un largo etcétera. El resultado lo tienes ante ti. Parece tan sencillo… Pero a menudo debes tu éxito a personas que trabajan anónimamente y pasan desapercibidos.
Cuando entras a casa y enciendes la luz ¿cuántas personas piensas que han trabajado para facilitarte ese servicio? Lo mismo ocurre con el teléfono, tu coche, la televisión, el ferrocarril y todo lo demás. Conocemos sólo a aquellos que están más próximos a nosotros, aquellos con los que mantenemos cierta y esporádica relación. De igual forma, también nosotros colaboramos con nuestro trabajo para el éxito de otros, porque formamos parte de un determinado equipo. Y no te equivoques cuando veas a un nadador en solitario subirse al primer puesto del podium. Él tan solo es la punta del iceberg de un gran equipo de personas que lo han estado preparando durante años; por supuesto eso no le quita mérito a su esfuerzo, pero ha de compartir el honor de esa medalla de oro.
Por eso, no encuentro a nadie que por sí mismo, y únicamente por sí mismo, haya conseguido realizar ninguna proeza sin colaboración de otros. Sólo he hallado a Uno que trabajando en solitario ha hecho más que nadie por ti y por mí. Quizá no lo conoces personalmente, o tal vez hayas oído algo sobre Él alguna vez. Es el responsable de la luz del sol, de la fuerza del viento y del movimiento de los mares. Es el SEÑOR de todo lo creado y vive por la eternidad. Aunque tú no conozcas a JESUCRISTO, Él es el único camino para llegar a DIOS. Vivió, murió y resucitó en solitario y terminó su trabajo consiguiendo el triunfo, pero no sólo para Él, sino que lo comparte con todos aquellos que queramos conocerlo y seguirlo. Yo ya lo he hecho. Tu felicidad es cosa tuya.
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