#LecturasDeVerano🏖: Hoteles y pensiones de otro tiempo en Águilas

 

Por David Romera. Doctor en Geografía y Ordenación del Territorio

Cuenta el cronista Luis Díaz Martínez que cuando el Conde de Aranda llegó a Águilas en su bergantín en junio de 1765 para inspeccionar las obras del nuevo castillo y planificar la ciudad de la Ilustración, ya existían once casas situadas en el istmo que separa las bahías de Levante y Poniente propiedad de familias adineradas de la ciudad de Lorca, que venían a tomar los denominados “aires del mar” (que no a bañarse), a los que designa como primeros veraneantes. Poco a poco fue aumentando la afluencia de lorquinos tras la apertura del nuevo camino hacia Águilas por el puerto de Purias, siendo más cómodo y directo respecto al camino histórico por el puerto de Carril. Los vecinos de Lorca levantaban sus viviendas de recreo junto al mar en el puerto de Poniente, adoptando en consecuencia aquella playa el nombre de “Colonia Lorquina”, simplificado hoy a “La Colonia”. La inauguración y puesta en servicio del ferrocarril en abril de 1890 abrió la oportunidad para la llegada de veraneantes procedentes de lugares más alejados, sacando la compañía concesionaria trenes exclusivos para bañistas. En agosto de 1905 concurrían hasta tres mil bañistas en dos trenes en los días más señalados.

Hace cien años, los establecimientos de alojamiento en Águilas eran muy modestos. El más antiguo era la Posada Real, prevista según el plano de organización de la nueva población de Águilas de Martínez de Lara de 1788 en la calle Rey Carlos III, poco antes de llegar a la Glorieta, junto a la parada de las diligencias de Lorca. De principios del siglo XIX era la Posada del Mar, situada próxima a la actual Plaza de Abastos, propiedad de la familia Moreno Romero, de cuando las aguas de la bahía de Levante se adentraban hasta casi los cimientos del Casino o la Iglesia de San José antes de ganar el puerto terreno al mar. También se tiene noticia que en 1903 Juan Martínez Cánovas, concesionario del primer alumbrado eléctrico de Águilas, inaugura su Gran Hotel junto a la fábrica de la luz en la playa de Levante, disponiendo de cuatro carruajes, balneario propio y coche de lujo para paseo.

Los libros de festejos y la prensa de la época permiten conocer los establecimientos de hospedaje más destacados. En 1924 se inauguraba el Hotel Comercio, regentado por Pedro Martínez, con comedor en la planta baja y con “todo el confort apetecible”, el cual debía competir con la Fonda Jorquera, ya en activo entonces, de Víctor Viseras Rivera, que disponía de amplias habitaciones y “servicio de carruajes a todos los trenes”. En 1928 esta fonda se muda de la calle Cassola a la plaza Robles Vives, frente al Casino y al Círculo de Artes y Comercio y amplía sus servicios con garaje y gran terraza al aire libre. También abre el Hotel Central en la esquina de Carlos III con Quintana, de “precios moderados, comida a la carta y servicio de carruajes”. En 1935 este hotel será reemplazado por el de Sebastiana Jorquera, de “cómodas y amplias habitaciones, todas exteriores y cocina esmerada”. En estos años, “la casa más concurrida por los veraneantes” cuya estancia en ella “deja gratos recuerdos” según un anuncio de la época, sigue siendo la Fonda Jorquera por su “excelente situación, magníficas vistas, orquestina y baile todas las noches en la plaza del Casino, trato inmejorable, cocina sana y abundante, cuarto de baño y por reformas diversas” realizadas. Entonces, también rivalizaban por conseguir clientes los balnearios Reina Victoria, La Giralda y el Patria Chica, todos de madera con casetas para baños fríos o calientes tanto individuales como familiares instalados en la playa de Poniente, siendo un importante centro recreativo al contar con salas de fiestas y bailes, restaurantes y salón de cine-teatro, el último de ellos desmantelado en 1948.

PORTADAS DE LIBROS DE FESTEJOS DE ÁGUILAS

En la década de 1940 abre sus puertas el Hotel Miramar, promovido por José Viseras en la plaza Robles Vives, siendo el principal reclamo el estar “situado frente al mar” además de la limpieza, economía y contar con garaje. La antigua Posada Real se reconvierte en la Posada de San Antonio, con gran patio interior para caballerías y “habitaciones confortables a precios económicos”. En 1953 aparece por primera vez anunciado el Hotel Rojas, propiedad de José Rojas Escarabajal, en la calle Isabel la Católica, próximo a la playa de Poniente, en un edificio de nueva planta con habitaciones con baño y ducha, cocina selecta y garaje, siendo el más moderno y confortable de la ciudad hasta entonces. El director Rafael Rivelles se alojó en él durante el rodaje de “El beso de Judas”. No lejos de allí se encuentra la Posada de los Baldrich, con tienda de ultramarinos en su interior. Por último, cierra este ciclo en 1958 la Pensión Cruz del Sur, el primer hospedaje a escasos metros del mar, en el paseo de La Colonia, regentado por Agustina Sánchez Arcas, que ofrece cómodas habitaciones con colchones Sema, terraza a la playa, agua corriente, bar, garaje y gran toldo sobre la arena de la playa.

Cruz del Sur y el Hotel Rojas constituyen los establecimientos de mayor confort, ocupados mayormente por veraneantes. Pero también existen muchos hospedajes en régimen de pensión donde se alojan viajantes y comerciantes, especialmente de Lorca y la comarca del Almanzora, para vender en Águilas todo tipo de productos. Es el caso de las posadas de Anica o la de Miguel Cárceles en las Puertas de Lorca, este última con gran patio interior y en sus bajos el Bar Deportivo, o la Fonda Doña Agustina en un segundo piso del Placetón, donde se alojaron artistas de teatro y de circo como los hermanos Tonelli o la trapecista María Cristina del Pino (Pinito de Oro). También se hacen muy populares los alquileres de habitaciones particulares como las de Sebastián “el de la draga” en el Placetón, siendo habitual la figura del “corredor de casas” para buscar alojamiento a los bañistas llegados en carruaje o en tren. En la década de 1950 las viviendas más cotizadas se sitúan en el paseo de La Colonia. También las existentes en la calle Triana y en el pie del Castillo así como las que dan a la playa de Levante (Cuesta del Sol, Paseo de Parra, calles Buenavista y Vistahermosa bajo el Cabezo del Molino). Lo habitual es que una familia veraneara en una sola habitación, compartiendo con las demás cocina, baño y útiles para el aseo a razón de cinco pesetas por hospedado. Los bañistas traían todo lo demás. En julio y agosto destacaba la presencia de familias de pequeños comerciantes procedentes de Lorca, Murcia y Madrid, mientras que en septiembre hacían lo propio las venidas de las comarcas de Los Vélez y el Almanzora, cada cual con sus modas y costumbres.

Por lo demás, Águilas se convierte en centro recreativo para colonias escolares y de productoras de toda España. La dictadura franquista habilita la Residencia Federico Servet en la playa de Las Delicias, dependiente de Educación y Descanso, en la que la Sección Femenina organiza estancias en tandas de diez días para mujeres trabajadoras, que realizan juegos recreativos, excursiones, charlas y cursillos, bailes regionales y ejercicios espirituales. En 1945 pasaron por la residencia más de 900 productoras de ocho provincias. En la playa de Calarreona la Sección Femenina instala un Albergue de Juventudes para niñas, en tres turnos de veraneo de un mes, con un centenar de plazas.

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En 1959 comienzan a llegar a Águilas aires de grandes proyectos urbanísticos al socaire del desarrollo turístico del litoral como ocurre en otras localidades costeras. Importantes inversores planean modernos hoteles frente a las playas de Matalentisco y las Cuatro Calas que frenen la desviación del turismo internacional a Alicante y el de paso hacia la histórica Granada aprovechando las potencialidades paisajísticas y climáticas del municipio. En este sentido, en 1962 la urbanizadora TURSA presenta la maqueta de un gran hotel de nueve plantas y 144 habitaciones en Cuatro Calas dentro de un mega complejo residencial y de ocio que incluía lagos artificiales. Pero este proyecto faraónico, como otros, no salió adelante por la falta de capitales, la escasez de agua potable, las malas comunicaciones y las perspectivas de negocio que se vislumbraba en La Manga del Mar Menor con el megaproyecto urbanizador de Tomás Maestre, que concentró las inversiones y las campañas publicitarias.

Mientras se proyectan modernos hoteles en Águilas (Calipso, Calarreona, Madrid, Stella Maris…), los establecimientos tradicionales modernizan sus instalaciones para ser competitivos. Es el caso de la Pensión Jorquera que en 1962 ofrece al veraneante “gran confort, habitaciones todas al exterior, con agua corriente y vistas al mar, dotado de camas metálicas y colchón Flex, de esmerado servicio”. También aparecen nuevos establecimientos como la Residencia Urci (1962), cerca de la explanada del puerto, junto al Gran Cinema, propiedad de Manuel Arranz Sáez, que ofrece máximo confort, bar, restaurante y terraza de verano o la popular Pensión La Aguileña, frente a la Plaza de Abastos, de María Morillas Campoy. En 1964 hay registrados ocho alojamientos en Águilas, número que asciende a quince seis años después. Entre los nuevos, Pensión La Huerta junto a la gasolinera de la carretera de Lorca, no lejos del Hostal Vilar, la Pensión Rosa en la plaza de Robles Vives, la Pensión Gavilán en la calle Luis Prieto, la Pensión Los Clavales en la calle Lope de Vega o el cosmopolita Maxcaly en la playa de La Cabaña, todos con bar o restaurante. Pero Águilas quiere dar pasos hacia el maná turístico y aparecen diferentes iniciativas locales que darán lugar a la apertura de los primeros alojamientos modernos destinados al nuevo turista español y extranjero de clase media, pero esto será analizado en otra entrega.

 

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