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Esclavos

El 4 de Abril se han cumplido cuarenta años de la muerte de Martin Luther King, asesinado en Menphis en 1968. Cuatro años antes se le había concedido el Premio Nobel de la Paz. ¿Quién era este hombre y por qué lo mataron? Cualquiera puede encontrar su biografía en Internet o en las enciclopedias. Yo quiero centrar este comentario no en su persona, sino en sus principios, sus ideas, lo que él representó y representa en la historia por la libertad del ser humano.

Quizá todo ello se resuma en su famoso discurso en la Marcha de Washington, en 1963: “Yo tengo un sueño”. Las ideas del nacionalista indio Mohandas Gandhi, se habían convertido en el centro de su propia filosofía de protesta no violenta a favor de los derechos civiles en Estados Unidos. El humillante trato que recibía la gente de color, especialmente en los estados del sur, era ignominioso. Cualquier animal era mejor tratado que “un negro”. El hecho de ser Luther King un siervo de DIOS configuró su carácter, como cristiano sincero, en la humildad y mansedumbre que CRISTO enseñó.

Pero también en la constancia, amor a la verdad y firmeza en las convicciones que predicaba. Dedicó su vida a enseñar el camino de salvación y libertad para todos los hombres y mujeres por igual; predicó con el ejemplo, su conducta intachable y su amor manifestado cada día de su existencia. Su vida fue cortada con violencia, como la de Ghandi o el propio JESÚS de Nazareth. Seres mezquinos, malvados e infames se toman el derecho de terminar con vidas ejemplares de seres muy superiores a ellos en todo.

Porque esas vidas son un reproche patente a las de la mayoría de las personas que los rodean, ya que manifiestan con su bondad, su firmeza y su conducta toda la precariedad espiritual y social que hay en otros. “Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño”. Estas palabras pronunciadas en aquel conocido discurso ¿Se han hecho realidad por fin? ¿Existe ya la igualdad entre las razas? ¿Dónde? Porque sigue habiendo un racismo extremo en todo lugar. La libertad está perseguida y coartada, incluso en las sociedades más avanzadas, como es el caso de nuestra Europa occidental. Se discrimina por color, por sexo, por religión, por clase social, por ideales, por todo. Cuando desaparece un tipo de segregación aparece otro y este círculo no tiene fin. Martir Luther King terminó su discurso con estas palabras: “Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”.

Por supuesto, no me cabe la menor de duda que él fue libre al fin, pero que, también fue libre durante toda su vida, porque la libertad radica en nuestro interior, en nuestro espíritu; así que pueden encerrarnos en la cárcel más oscura, pero nunca podrán privarnos de libertad a aquellos que hemos sido liberados. Los cristianos lo sabemos muy bien, porque hemos sido perseguidos siempre, y lo seguimos siendo, aunque de uno modo más sutil en nuestra “abierta sociedad. Hay todavía muchos esclavos a nuestro alrededor; esclavos por motivos laborales, familiares, sociales, económicos… Yo también tengo un sueño, pero soy libre, total y eternamente libre.

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